El planteamiento de un curriculum funcional representa
un paso
más en el avance para conseguir una escuela que responda a las
necesidades educativas de todos los alumnos. Ahora el problema
se centra en el curriculum
y en la pregunta crucial de qué enseñar.
Como señala Clark (1994), se trata de
hacer compatible un
curriculum funcional con una
enseñanza integrada;
efectivamente,
proporcionar unos resultados
funcionales en un medio lo más
restrictivo posible son dos
retos fundamentales para los
profesores que a
menudo entran en conflicto. El llamado
currículum funcional pone su mayor
énfasis en que prepare para la
vida y no sólo para las distintas etapas
académicas. La noción de
funcionalidad implica la utilidad de algo o la
utilidad para algo,
dicho lo cual, debería entenderse que lo funcional para una
persona no tiene que serlo necesariamente para otra. Por tanto, lo
funcional
alude de nuevo a la diversidad también en cuanto a
diferentes perspectivas en
los significados de los contenidos
instruccionales. Algunas experiencias en
esta línea han
demostrado cómo esta dimensión de funcionalidad, no sólo ofrece
ventajas para los alumnos con necesidades educativas especiales,
sino para
todos los demás. Es decir, el curriculum funcional debe
tener para los niños y
jóvenes con necesidades educativas
intereses determinados en un contexto
específico, puesto que lo
que se plantea es proporcionarles las habilidades
necesarias para
afrontar con éxito la transición a la vida adulta. Desde la
perspectiva anterior se entiende que una aproximación al
curriculum funcional
es un modo de concebir el contenido a través
de instrucciones para los alumnos con
discapacidades que se
centra sobre los conceptos y habilidades en las áreas de
la vida
cotidiana, personal y social, y del ajuste ocupacional.

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